Tenemos en Cádiz un camino
que nos lleva a Jerusalén,
donde hay una blanca casa
toda llena de paz y bien.

En ella descansa una perla
recogida en su altar,
del cielo y la tierra es Madre
y protectora en el mar.

Carita plateada,
niña rosa Inmaculada,
lirio blanco de pureza,
Soledad de fe eterna.

Nos das consuelo, armonía,
luz, calor y templanza,
a todos nos guía por el camino
de senderos de esperanza.

Un ángel te acompañaba
de paseo por la ciudad,
te gustó tanto esta tierra
que aquí te quisiste quedar.

Nuestra Madre es toda misericordia,
siempre velando por la humanidad,
su trono son los corazones
de quien la va a visitar.

Cuánta devoción y gozo
sentimos los gaditanos
por tu infinita bondad,
Madre de la Soledad.

-ANTONIA MACÍAS BARO-

Falta un sábado menos para el Sábado Santo

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