Historia de la cofradía

Entre las cofradías gaditanas, es esta del Santo Entierro—como vulgarmente se le denomina—una de las mas antiguas, fundada en el Convento de Franciscanos Observantes a finales del siglo XVI. Según opinión del ilustre investigador D. Hipólito Sancho, su origen data entre los años 1590 y 1598, alcanzando gran vitalidad hacia el 1624, en que se concierta la escritura de la imagen de Jesús Yacente con Francisco Villegas, siendo principalmente Hernando Pareja quien dio impulso y vigor a la cofradía, que en el primer tercio del XVII se traslada a la Ermita de San Roque.

Documentos y escrituras atestiguan, según el citado investigador, que fue la primera hermandad que llevó imagen mariana, con la advocación de la Soledad, que ha figurado y figura como Titular de la misma, si bien la Cofradia de la Vera-Cruz Ilevaba también en su cortejo procesional una imagen de la Virgen con igual título, provocándose por ciertas circunstancias sobre este particular, un pleito entre ambas cofradías, sentenciándose al final que Ios de la Vera-Cruz podrían usar la imagen mariana, pero al pie de la Cruz, Ilevándola así en su Estación de Penitencia.

Desde aquellas fechas y por diferentes causas, esta Cofradía del Santo Entierro radicó en diversos templos. Hacia el 1750 fue trasladada al Convento de las Madres Concepcionistas, más conocido vulgarmente por Santa María, donde el Excmo. Sr. Conde de Alcudia, propietario de una de las capillas del templo, se la cede a la cofradía en usufructo, obligándose la misma a celebrar anualmente una Vigilia y Misa Solemne por la intención del ilustre prócer el día de la Natividad de la Virgen.

Apenas cumplido el siglo de estar establecida la cofradía en dicho convento, surgen incompatibilidades con la Comunidad del mismo, planteándose la cuestión del traslado a otra iglesia “más amplia”; pero después de varias juntas extraordinarias y votaciones, se desiste del proyecto, que vuelve a plantearse en 1857, en que por una mayoría casi absoluta se acuerda el traslado a la iglesia de Santo Domingo. El Iltmo. Sr. Obispo, por decreto del 16 de enero de 1858, revocó el acuerdo, recordando la obligación contraída de celebrar la Vigilia y Misa por la intención del Sr. Conde de Alcudia y sosteniendo que debía seguir radicando la hermandad en dicho convento.

Al prelado D. José María Urquinaona le sucede el ilustrísimo Sr. D. Juan J. Arbolí, ante el cual se suscita nuevamente la cuestión por parte de la cofradía, que no logra tampoco la licencia episcopal. No por ello deja en olvido los deseos de trasladarse de templo y en septiembre de 1893 solicita hacerlo a la parroquia del Sagrario, basándose en parte a estar en dicha iglesia desde 1865 la nueva Urna de plata, que se custodiaba en perfecta conservación y seguridad en una de las capillas de la citada parroquia. Consigue por fin del entonces Prelado de la Diócesis, Iitmo. Sr. D. Vicente Calvo y Valero, el traslado apetecido, y el día 2 de febrero de 1894 se celebra con toda solemnidad, quedando las imágenes en la capilla de San Pedro, que fue cedida con este fin por el Sr. Obispo.

Por motivos que no son del caso reseñar, vuelve la cofradía a solicitar trasladarse a la iglesia convento de San Agustín, que se autoriza por el entonces Pastor de la Iglesia gaditana, .D. José María Rancés y Villanueva, radicando en dicho convento durante 21 años, ya que en 1926 vuelve a la parroquia del Sagrario, con las oportunas licencias del Excmo. Sr. D. Marcial López Criado, Obispo a la sazón de la Sede gaditana.

Desde entonces sigue radicando en esta parroquia, antigua Catedral, donde ocupó el testero derecho del crucero de la iglesia, hasta que por obras y reformas del templo se desmontó el altar, designandosele dos capillas que se labraron con ricos mármoles y piedra, para en ellas entronizar las imágenes Titulares. Ambas capillas fueron anteriormente destinadas a almacén. En una se conservaba la Custodia procesional para el día del Corpus, hasta que pasó a formar parte del tesoro artístico de la Santa Iglesia Catedral, y en la otra se guardó durante muchos años la Urna de plata de esta cofradía, cedida en 1865 por el Excmo. Cabildo Catedral para tal fin, a condición de que la cofradía sufragara las puertas y demás gastos que ello originara y aceptando una de las tres llaves que se colocaron para mayor seguridad, ofreciéndose otra al Excmo. Ayuntamiento y conservando la tercera la hermandad. Cuando en el año 1928 se reformó el altar del crucero al que antes nos hemos referido, para colocar las imagenes Titulares, la Urna pasó a formar parte del mismo, quedando la capilla-almacen para enseres de la cofradía, que posteriormente se adaptó para el altar de la Santísima Virgen.

La Urna que se utilizaba antes de la construcción de la de plata—que se inició en 1848 y que no pudo salir en procesión hasta 1865—era toda de ébano con aplicaciones de plata y su propietario, D. Juan Maroto, se negaba a vender a la cofradía por razones de piedad, hasta que ésta lo consiguió después de largas negociaciones. Era costumbre, en el día de Jueves Santo, colocar la Urna sobre una gran tarima ricamente revestida con templete sostenido por 12 columnas, que se instalaba en la plaza de San Juan de Dios, antigua Corredera, con abundante alumbrado de cera. Ante este marco severo hacían guardia permanente los regidores de la ciudad y los hermanos de la cofradía, celebrándose ante el mismo el Oficio de Tinieblas, ante la presencia recogida y fervorosa de todo el pueblo.

El entusiasmo, la devoción y los millares de hermanos de que constaba la cofradía, hizo concebir la construcción de la actual Urna de plata, que si quisiéramos reseñar someramente su historia, necesitaríamos decenas de páginas, debido a las vicisitudes para ver culminado el proyecto. A la Reina Isabel II se debió en realidad la terminación, ya que costeó a sus expensas los dos ángeles y la cruz con que se remata tan linda joya y los cuatro faroles de los ángulos.

Un detalle original y quizás único, era la saya y manto de la Santísima Virgen, de terciopelo negro bordado en perlas, donación de su Camarera Doña Isidora Carrero, en 1865. Con posterioridad, cuando se reformó el paso de la Virgen, se amplió el manto nuevo y se pasó el bordado con mayor número de perlas, que si bien no eran valiosas, sí constituían una cosa original, digna de no haberse desechado.

La Estación de Penitencia siempre ha constituido una nota solemne y brillante de la Semana Santa, por la concurrencia de autoridades, cofradías y representaciones civiles y militares, aparte de la riqueza de ambos pasos. Hasta las primeras décadas del siglo pasado, el cortejo solía ser abrumador por la cantidad de personajes bíblicos que eran representados —Profetas, Sibilas, Coros de Ángeles, Fe, Esperanza y Caridad y la Verónica—, iniciándose la procesión con el paso llamado por el vulgo ‘de la Muerte’, símbolo del triunfo de la Cruz sobre el pecado. Suprimidos estos detalles, con posterioridad, formó parte de la cofradía el paso de la Virgen de las Angustias, hasta que se reorganizó la Hermandad del Caminito, en el año 1935.

El paso de la Soledad, que sufrió diversas reformas hace años  y fue sustituido por uno de plata de ley, obra de los talleres sevillanos de Villarreal, digno complemento de la Sagrada Urna. Los hermanos vestían túnica de terciopelo negro con escudos en plata para las secciones del Señor, y de raso negro y antifaz blanco para los que acompañaban a la Virgen.

En en ultimo tercio del siglo pasado, la Virgen de la Soledad fue retocada por los escultores Francisco Buiza y Luis Álvarez Duarte, que le transformaron el juego de manos y le sustituyeron el candelero.

La cofradía estuvo muy vinculada al Municipio, y durante muchos años su hermano mayor, Don José L. Domínguez y Junta de Gobierno, estuvieron imprimiendo una intensa labor en restaurar el esplendor que siempre tuvo, tanto en lo que se refiere a la procesión, como en lo que correspondía a las capillas

En la segunda mitad del siglo XX, la corporación crece con la adquisición de buenos enseres y la primera restauración profunda sobre la Sagrada Urna, acometida a finales de la década de los 70. Hasta 1982 la hermandad procesionó en la tarde del Sábado Santo, siendo ese año el de la penultima Magna celebrada en la capital gaditana. De 1983 a 2009, la cofradía realizó la estación de penitencia en la tarde-noche del Viernes Santo, aunque en muchos casos durante esos años recogiéndose muy entrada ya la madrugada. Igualmente a finales de los años 90, la Junta de Gobierno decide regresar al carro de ruedas para el paso del Yacente, que durante varias décadas fue portado a hombros.

En 2009 el entonces obispo de la Diócesis, Don Antonio Ceballos Atienza, firmó el decreto de autorización para que la corporación regresara a la tarde del Sábado Santo, lo que viene haciendo desde 2010. En 2011 se llevó a cabo la segunda intervención sobre la Sagrada Urna, trasladada a los talleres de Villarreal, en Sevilla. Se reforzó toda la estructura, se sustituyeron las maderas y se colocaron nuevos cristales.

1
Hola 👋 ¿En qué puedo ayudarte?
Pronto me pondré en contacto contigo.
Gracias.
Powered by
Share This