Una iglesia parroquial de Santa Cruz que se llenó con motivo de la Solemne Función de los cultos de Cuaresma de la Cofradía de la Soledad y Santo Entierro, puso el punto y final a una cita tradicional antes de la Semana Santa y que se desarrolló con detalles novedosos desde antes del comienzo. La ceremonia estuvo presidida por el director espiritual de la corporación penitencial y párroco de Santa Cruz, Don Rafael Fernández Aguilar.
La llegada de las autoridades y de los hermanos mayores y representantes de las hermandades y cofradías invitadas, recibidas en la puerta del templo por el hermano mayor, el fiscal y la secretaria, Fernando Javier Díaz, David Fernández y Lucía González de la Torre, respectivamente, en presencia del responsable de protocolo, José Luis Sancho, se produjo mientras seis militares de distintos ejércitos efectuaban guardia de honor y custodia a Nuestra Señora de la Soledad y al Yacente del Santo Entierro, ubicándose para ello ante el altar de cultos. Esta concesión por parte de la Subdelegación de Defensa de Cádiz provocó que todas las autoridades y los representantes se detuvieran ante la capilla para contemplar una estampa singular.
La Solemne Función, en la que 18 hermanos acudieron a la imposición de medalla, concluyó con la Junta de Gobierno, autoridades, hermanos mayores y representantes ante el altar de cultos, donde Fernández Aguilar realizó la última oración antes del canto de la Salve Regina, a los sones de la organista Sandra Massa Santos, que durante la ceremonia interpretó piezas como el ‘Ave María’ de Giulio Caccini.
La Cofradía de la Soledad y Santo Entierro agradece la presencia de Jacinto Plaza, en nombre de la Junta Permanente del Consejo Local, de los hermanos mayores y representantes de las distintas hermandades y cofradías de la ciudad, así como de José Lanceta, como titular de Cáritas Parroquial.

Foto: Álvaro Lanceta

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