Pierre Jean Celestin Sardin (1812-1880), Pedro Sardin una vez afincado en España, es el otro nombre, el otro hombre, el otro artista que también puso sus manos y su arte en la Sagrada Urna del Santo Entierro de Cádiz. En mucho menor espacio de tiempo que Manuel Ramírez y Serrano, Sardin empezó un proyecto que, por desavenencias, no acabó. El estudio de María de los Santos García Felguera y de Gregorio Escalada Sardina es la base de este artículo.

Sardin era francés y su procedencia familiar llevaba un claro sello de plateros y orfebres. Era muy joven cuando puso los pies en el territorio español, donde fue una montaña rusa en cuanto a los oficios que desempeñó. Fue daguerrotipista en Barcelona (1842), Madrid (1842) y Andalucía (desde 1843); ejerció como platero en Cádiz, que es el periodo en el que se embarca en el proyecto de la Urna -sólo durante tres años (1853-1856), y acabó como moldeador en la fábrica de vidrio La Ceres, en El Puerto de Santa María, donde vivió desde 1865 hasta su fallecimiento 15 años después.

Estamos ante uno de los responsables de las primeras fotografías que se tomaron en España en los años cuarenta del siglo XIX. El protagonista de esta historia fue el primer fotógrafo profesional que trabajó en Barcelona y uno de los primeros en toda España. Hablamos lógicamente de Sardin. Hijo del orfebre Jean Baptiste Sardin y de Clara Jougue. La familia emigró a Barcelona en torno a 1827 y en la ciudad condal se mantuvo siempre en contacto con los artesanos de este gremio: Clara Sardin, la hermana mayor de Pierre, se casó allí con el platero francés Baltasar Varet. Por lo tanto la formación de Sardin debió desarrollarse en el ramo de la orfebrería a partir de ese año.

Es en febrero de 1843 cuando se instaló en Cádiz, en la calle de la Verónica esquina a la de la Carne, en la casa del señor Zereceto y mostrando sus retratos al daguerrotipo en el café de Correos. La relación de Sardin con nuestra provincia fue extensa y fructífera. Los documentos oficiales confirman la estancia de Sardin en Cádiz, porque el cónsul de Francia firma dos documentos a su nombre en 1843: un permiso de residencia el día 11 de febrero (pocos días después de abrir el negocio fotográfico) para Pierre Sardin, que había llegado de Sanlúcar, y otro el 29 de junio diciendo que ha llegado de Gibraltar; además, las autoridades le expiden el pasaporte el 23 de septiembre de ese año 1843. Las dos solicitudes aportan un dato interesante, la profesión de Sardin -artiste graveur (artista grabador)-, dato que se repite en los sucesivos documentos emitidos por el consulado francés.

La de grabador era una profesión bien conocida, con una larguísima y prestigiosa tradición, a diferencia de la nueva profesión de daguerrotipista -ignorada por la mayor parte de la población-, y quizá por eso es la que aparece en los documentos oficiales; aunque también cabe la posibilidad de que Sardin alternara ambas profesiones durante estos años en los que se movió mucho. Sardin se debió de establecer en la ciudad de Cádiz a lo largo de 1845, porque en 1846 ya aparece empadronado entre los “extranjeros residentes”, como Pedro Sartin (sic), de 34 años, casado y grabador de profesión, viviendo en la calle de la Verónica número 81, piso bajo.

Sardin siguió anunciándose como retratista en Cádiz al menos hasta marzo de 1847, y en el padrón de 1848, como hemos visto, seguía apareciendo con ese oficio e instalado en la misma dirección (calle Verónica 81). Sin embargo, no debió durar mucho más su actividad en el campo de la fotografía. Las oscilaciones entre retratista y grabador, que recogen la documentación oficial y los anuncios, son síntomas de las dificultades que tenían los daguerrotipistas para ganarse la vida con la cámara en unos años en que la fotografía estaba muy lejos de ser algo generalizado, razón por la cual muchos abandonaron el nuevo oficio por otro más seguro. Sardin es un magnífico ejemplo de esas dificultades en España.

Los datos de la época muestran a este francés como casado. En Barcelona se casó con Felipa Rafo, pero no debió ser un matrimonio muy duradero y tampoco tuvieron hijos. Por lo que sabemos, el francés no pasó mucho tiempo en Barcelona, y en el año 1857, cuando Felipa murió, oficialmente seguía casada con Sardin; sin embargo, él no estaba en la ciudad y la esquela publicada en prensa ni siquiera lo menciona.

El último anuncio que conocemos de Sardin en Cádiz es del 21 de marzo de 1847; en él afirma que se va a la corte y que ha residido en Cádiz casi cuatro años, aunque como hemos visto, el padrón de 1848 todavía lo recoge en la ciudad. Desde entonces pasan unos años hasta que volvemos a encontrar su pista en Cádiz en 1853, cuando aparece decantado ya por una de las dos profesiones que alternaban en los documentos, la familiar de artista platero. Como tal trabaja en la fabricación de una nueva urna de plata para el Cristo Yacente de la Hermandad de la Soledad y Santo Entierro de Cádiz, junto a Manuel Ramírez y Serrano que dirigía el trabajo. Bajo la sociedad ‘Ramírez y Sardin’, se ponen manos a la obra para construir la urna diseñada por Diego María del Valle, que había resultado ganador del concurso convocado en 1852 para construir una que sustituyera la antigua, hecha de madera de ébano y plata.

Los datos que se barajan muestran que Ramírez y Sardin trabajaron en la urna durante tres años, pues en 1856 disolvieron la sociedad. El 31 de agosto de aquel año Sardin se retiró y quedó anulado el contrato. Hay varias versiones, aunque muchas coinciden en las dificultades económicas que marcó el inicio del proyecto por la escasez de plata. Todo ello generaba un retraso en la entrega del trabajo.

La Cofradía de la Soledad y Santo Entierro interviene, alertada por lo sucedido, y se logra la elaboración de un nuevo contrato que firma Manuel Ramírez, quien definitivamente sigue en solitario con la construcción de la Sagrada Urna. Analizando y admirando la joya que es esa urna, hay que atribuirle una parte pequeña a Sardin.

El francés, ya afincado en España de manera definitiva y viudo de su primera esposa, se casa a los 47 años en la parroquia de San Lorenzo con una gaditana de origen genovés, Teresa Corenzo Bernal, de 36, nacida en 1823, hija de Nicolás Corenzo, que vivía en Cádiz desde 1812, y de la sanluqueña Manuela Bernal. Pedro Sardin y Teresa Corenzo tuvieron tres hijos, dos de ellos nacidos en Cádiz: Dolores y Antonio. María de los Dolores Ángela de la Santísima Trinidad nació el 2 de octubre de 1859, antes de que sus padres se hubieran casado, motivo por el que fue inscrita en el registro civil bajo el rótulo surrealista de madre desconocida e hija natural de Pedro Sardin.

A pesar de que Pedro Sardin y Teresa Corenzo se casaron en octubre de 1859, en el padrón de vecinos de 1860, rellenado a finales de 1859, él todavía aparece como viudo y ella como soltera, conviviendo ambos con otra familia. El segundo hijo de la pareja, Antonio, nació el 19 de abril de 1863 en el nuevo domicilio (calle de la Santísima Trinidad número 2) y se bautizó en la parroquia de San Lorenzo el día 29 del mismo mes, apareciendo en esta ocasión el oficio de Pedro Sardin bajo un genérico artista.

El trabajo de Sardin con Ramírez en la Sagrada Urna del Santo Entierro nos guía hacia el siguiente destino del francés. El año 1859 la cofradía compró los cristales para la nueva urna a una fábrica de El Puerto de Santa María ‘La Ceres’, por 8.000 reales de vellón. Como muchos gaditanos en los años centrales del siglo, la familia Sardin se traslada en 1865 desde la capital hasta El Puerto. Es así porque en el padrón de 1866 ya aparecen viviendo allí en la calle Lechería 24. Vive desde 1865 y como profesión escribe moldeador. Este término debe responder al trabajo que hacía en la fábrica de cristales ‘La Ceres’, entre cuyos trabajadores aparece inscrito en el padrón del año 1867 con su familia, como moldista (llegado en 1866), y en 1868 también con su familia como moldeador.

Pedro Sardin murió el 1 de septiembre de 1880, a los sesenta y ocho años, de hepatitis crónica en su casa de la calle Cruces 52, en El Puerto; lo inscribieron como Sardoy y Goguel (Jouque), grabador, y fue enterrado en el cementerio de la Santa Cruz, donde actualmente es imposible encontrar su sepultura. No hizo testamento y el registro de la basílica de Nuestra Señora de los Milagros dice que “se le hizo funeral de limosna en esta Iglesia”, lo que hace pensar que su situación económica debía ser bastante penosa.

A la muerte de Sardin la familia debió de cambiar de domicilio, porque en el siguiente padrón de vecinos (diciembre de 1881, sin foliar) ya no aparece ningún miembro de ella y tampoco figuran en los padrones sacramentales. Un triste final para el primer hombre que se atrevió en 1842 a abrir un negocio completamente nuevo en Barcelona y uno de los primeros en España: un estudio de retrato al daguerrotipo; y un trabajo con el que viajó por distintos lugares del país. La fotografía -ya sobre papel, como la hemos conocido hasta hace pocos años- tardó casi vente años en generalizarse. Pero para entonces Pedro Sardin ya había dejado la cámara de retratar y hasta el trabajo con la plata, que desempeñó en la ciudad de Cádiz, con su paso breve por una de las grandes obras religiosas que se conserva en la ciudad: La Sagrada Urna del Santo Entierro.

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